En Mar del Plata apareció la magia, esa que todos
saben que vive en el corazón de esta banda de desaforados. No es que haya un
truco o que sean David Copperfield, pero estos cinco dementes tienen un as bajo la manga: muchísimo manejo
del escenario y la capacidad de prenderse fuego aún en una ciudad balnearia. Y
esta vez venían estimulados por el show del Vorterix, así que subieron la
apuesta: ahora era a todo o nada, y pusieron toda la carne al asador de GAP. Del nuevo
disco poco y nada, ya de entrada eligieron salir a matar con “Strom” y el lugar
parecía no dar abasto para tanta adrenalina. Para peor, enganchar “Du lebst nur
einmal” con la furiosa intro de “Auswärtsspiel” es como querer apagar un
incendio con gasolina. La inevitable sensación de haberse sacado la lotería es
innegable: la banda está aceitadísima, Vom y Campi se transforman en verdaderas
máquinas que juegan para 10 puntos, el público responde a pura energía y sin
cantos demagógicos, y ver a una banda de primer nivel por poco más de 100 pesos se vuelve casi un
regalo del cielo.
Porque no solo del punk vive el Hosen, y porque
también hay un corazón detrás de tanta algarabía, sigue “Alles was war” y toda
su melancolía acerca de un amor que ya no está, para cantar con lágrimas
en los ojos. Pero como la calma dura poco, otra vez a saltar con “Hang on
Sloopy” y Campi enseñando el pasito que hay que hacer, a saltar sin música
hasta que Vom, el pequeño gigante, arremete con los tambores para que todos intenten llegar casi
hasta el techo del lugar. El calor no da tregua, la performance es infernal, y
nadie quiere parar. El cantante parece estar envuelto en llamas: va
y viene de una punta a la otra del escenario, bebe un sorbo de cerveza e
inmediatamente arroja la lata al público, que lo agradece como si fuera el maná
que cae del cielo, intenta comunicarse aunque como él mismo reconoce, “mi
español es mierda”, riega a todos los presentes con rociadores de agua, se sube
a las vallas y se para casi sobre los hombros de los de Seguridad, que lo
sostienen de las piernas para que no lo absorba el abismo de gente que lo
espera con ansias.
Luego de “Paradies” y “Bonnie und Clyde”, efectiva
dupla de “Opium fürs Volk”, otro regalo: “Call of the wild”, y las gargantas al
límite acompañando el grito de guerra. Pero aún hay más, y como si manejaran el
Durango 95 de “A Clockwork Orange”, se van de paseo a los 80s y traen ese
temazo llamado “1000 gute Grunde” ante el asombro de todos y la emoción de
muchos treintañeros. Para “Liebeslied”, Campino incita a cantar el coro
introductorio, y ante la respuesta del público dice que “esto está bien, es grandioso para Montevideo Uruguay, ¡pero esto es Argentina!”, y todos dan su mejor
esfuerzo en la segunda oportunidad hasta casi romper los tímpanos de la banda. Como
para dejar en claro que es una noche única, Breiti afirma que están entre
amigos y por eso van a tocar más temas viejos: los parlantes crujen al ritmo de
“Mehr Davon”, otro cañonazo de los 80s. Parece ser que la fiesta de los 20 años
en Argentina no era en el Vorterix sino que se mudó a Mar del Plata. Como sea,
todo es perfecto: demasiada alegría arriba y abajo del escenario.
Para continuar, invitan a Pil, ex vocalista de Los
Violadores, para entonar el clásico “Uno Dos Ultraviolento” y la combativa
“Viva la revolución”. Campi hace los coros y construyen un dueto impecable.
Luego de “Días como estos”, la banda va a por un merecido descanso, mientras el
público se prepara para lo que viene, que promete ser mejor aún. Y al retornar,
el grupo saca otro conejo de la galera: Breiti avisa que van a tocar un tema de
1987, y salen con “Halbstark”, el cover
de The Yankees que habían versionado con Die Roten Rosen, su banda paralela. De
no creer, esto parecía sacado de un cuento de hadas. Pura magia alemana en la
costa argentina. El primer set de bises termina con “Eisgekühlter Bommerlunder”
y su amor a la bebida del norte de Alemania, mientras los fans tratan de seguir
la letra a velocidad supersónica.
Última
parte del show, y quizás la más caliente. Campi invita a Mariano Asch, el
productor local, para que traduzca sus palabras de agradecimiento, y Vom lo
recibe arrojándole cerveza. Ante los aplausos del respetable, disparan una
violentísima versión de “All die Ganzen Jahre” y el rubio vocalista aprovecha
para tomar impulso, saltar y caer de lleno en medio del pogo. Escena épica,
digna de los mejores shows de este país. “Zehn kleine Jägermeister” es un derroche de
felicidad con la gente abrazada y haciendo el
pasito de los alces. Si de coreografías se trata, “Schönen Gruß, auf
Wiederseh'n” es la banda de sonido perfecta: todos arrojando golpes al aire
mientras el grupo se apresta a retirarse, como siempre de la mano de “You’ll
never walk alone”.
Demasiado
rock, demasiada amistad, demasiada alegría, demasiado de todo lo bueno que
tiene la música: Die Toten Hosen se ganó el amor del público de la mano de
shows como éste, y noches como las de Mar del Plata parecen tener destino de
históricas.
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