miércoles, 10 de octubre de 2012

Nueva sección: Vintage Records




Nos encanta Ramones y nos encantan las reseñas de discos viejos. Por eso hoy inauguramos esta sección donde analizaremos y recordaremos discos que marcaron una época o que simplemente nos encanten. El que da inicio es precisamente "Mondo Bizarro" de The Ramones.




La década del 80 no había terminado de la mejor manera para Ramones: si bien Marky había retornado al hogar, Dee Dee había decidido colgar su traje de ramone para iniciar una carrera en solitario, más volcada al rap que a sus inicios punks. “Brain Drain” no había tenido el éxito esperado, a pesar de que “Pet Sematary” había sido incluido en la banda de sonido de la película homónima. La inclusión del novel bajista C.J aseguraba sangre nueva, pero a la vez generaba incertidumbre sobre su desempeño en la banda. Las ediciones del recopilatorio “Ramonesmanía” y del disco en vivo “Loco Live” eran señales de que no había mucho material nuevo para entregar.

Pero contrariamente a lo que podía esperarse, y terminando con todas las especulaciones posibles, Ramones inicia la década en 1992 con un disco magnífico, pleno de madurez tanto lírica como musicalmente. Con pequeñas ayudas de gente como Skinny Bones, Daniel Rey, Andy Shernoff de The Dictators, y hasta del propio Dee Dee (que les cede tres canciones), la banda da rienda suelta a todo su potencial.

El primer tema plantea desde las bases la preocupación acerca de la libertad de expresión en su país. “Censorshit” es una referencia al PMRC, grupo que se encargaba de poner las etiquetas de advertencia en los discos, y a Tipper Gore, la mujer de Al Gore, quien fuera vicepresidente de Estados Unidos. La intro de batería marca el pulso de la canción, que a plena furia protesta por quienes intentan coartar uno de los derechos fundamentales, nombrando inclusive a artistas como Ozzy Osbourne y Frank Zappa como estandartes de la libre expresión.

The Job That Ate My Brain” es una sátira de Marky compuesta a dúo con su amigo Skinny Bones (con quien luego fundaría la banda The Intruders). Un análisis de la alienación de la vida moderna en la que todos parecen tener como prioridad correr para llegar a tiempo al trabajo. Para ser la primera colaboración compositiva del baterista, no está nada mal.

A continuación, el primer single del disco: “Poison Heart”, de Dee Dee. Un bombazo que desde la primera oída se queda pegado, clásica composición de mister Colvin. Un ritmo tranquilo pero no menos contundente, donde Joey se luce con su voz de corazón roto cantando sobre la poca sensibilidad de la sociedad. 



Anxiety”, la otra composición de la dupla Marky-Bones, entra a todo vapor con la batería al frente y un ritmo acelerado. Una letra bastante paranoica con música acorde. El baterista destaca por sobre los demas con su incesante andar.

Luego sigue la primera canción cantada por C.J, escrita por el ex bajista. “Strength to Endure” es una oda a la supervivencia, a resistir sin bajar los brazos. Sin gran velocidad ni estridencia, marcha sobre el machaque de Johnny hasta estallar en el estribillo. Gran interpretación del nuevo integrante, quizás su momento más intenso dentro de la banda.



El momento Joey del disco se da con “It`s gonna be alright”. Sobre una base power pop recargada de guitarras, el Flaco se despacha con una letra súper optimista (compuesta junto a Andy Shernoff) dedicada a los fans, que según él, son los únicos que entienden a la banda. Grato momento casi de los años 60s con tanta melodía vocal.

En la lista de los mejores covers de la historia, debería estar la re lectura que Ramones hace de “Take it as it comes” de The Doors. Hasta se dan el lujo de invitar a  Joe McGinty de los Psychedelic Furs para que meta las teclas que en la versión original correspondían a Ray Manzarek. Durante un show en Hollywood de ese año, Robby Krieger (guitarrista de The Doors), subió para tocar una emotiva versión del tema. 



Otro aporte del nacido en Fort Lee (Virginia), como si el viejo Douglas tratara de canalizar sus ganas de seguir en Ramones. “Main Man” podría estar tranquilamente es sus discos solistas, ya que es casi una biografía de sus días más difíciles. C.J la canta con toda su furia y logra una performance contundente. 





Punk rock clásico de la mano de “Tomorrow she goes away” con su letra que habla de un amor enfermizo que no quiere alejarse. En esta canción la guitarra de Johnny pinta perfectamente el clima, y se luce con inspirados arreglos.

Siempre tiene que haber una balada en cada disco de Ramones, y esta vez no iba a ser la excepción. Joey regala una sentida canción (“I won`t let it happen”) en la que le asegura a su chica que las cosas malas no van a volver a pasar, mientras la banda se monta detrás de una guitarra acústica poco usual en el grupo pero siempre presente cuando del alto cantante se trata. 

Para “Cabbies on crack”, invitan a Vernon Reid de Living Colour, banda que se encontraba quizas en su mejor momento. El guitarrista aporta un solo retorcido que es la cereza de la torta en una historia del alto cantante acerca de un taxista drogado que lo lleva a toda velocidad por las calles de New York.

Heidi is a headcase” es tal vez el único tema intrascendente del disco. Punk básico que cuenta el amor hacia una chica un tanto alborotada, en la veta de nombrar a féminas como Sheena, Judy o Suzy. Aquí homenajean a Bob Dylan y a Stiv Bators.

El cierre es a todo bubble gum music con “Touring”, que en verdad había sido compuesto a principios de los 80s, más precisamente para las sesiones de grabación de “Pleasant Dreams”. Narra las vivencias del grupo en la ruta, pasando por lugares tan disímiles como Japón, España, México o Australia, pero siempre rescatando el espíritu de diversión por sobre todas las cosas. En esta canción, donde Marky parece querer reventar sus tambores, están de invitados en los coros Flo & Eddie, el dúo que supo ser parte de la banda de Frank Zappa

 

Cabe destacar que parte fundamental de la grandeza de este álbum se debe al retorno de Ed Stasium como productor, ya que el último disco en el cual habían trabajado juntos fue “Too tough to die” de 1984. Viejo amigo de la casa, supo sacar lo mejor de cada uno de los integrantes del grupo, y el brillo de las canciones es notable, logrando un trabajo a la altura de los mejores de la década. 





sábado, 6 de octubre de 2012

Mamushkas 10 años @ Salón Pueyrredón 05-10-2012


Luego de batallar durante diez duros años en los cuales hubo lágrimas y alegrías, Mamushkas decidió que ya era hora de juntarse con amigos a festejar y a rockear una vez más. Pero esta vez era especial, ya que la noche prometía covers a granel y viejos amigos como invitados especiales.

Después de dos calientes sets a cargo de los uruguayos Mandala y de Rolo y los Fucking Adictos (gran banda tucumana), los comandados por Tomás Loiseau subieron al escenario del Salón Pueyrredón disparando las pistolas de Brixton. Los acordes del reggae compuesto por Paul Simonon a fines de los 70s en la problemática Londres fueron la excusa perfecta para dar rienda suelta a la algarabía del público, que no se hacía rogar.

 

Tomás muy inspirado y lleno de energía, el Chino Moralexx con su guitarra mágica al frente, y la base sólida y sin fallas de Marcos García (bajo) y Omar Kischinovsky (batería) hacen de Mamushkas una de las bandas más interesantes para ver en vivo en la escena actual. “Regreso en espiral” y “666”, ambas de su segundo y autotitulado disco, fueron el prologo para que el Chino, con su proverbial verborragia, agradeciera por primera vez a los presentes por darle clima a la noche. “Corre” y “Todo vuelve” (gran letra acerca de la gente que ya no está) dieron pie a “Te marchaste”, de aquel viejo primer disco. 

No Feelings” de los Sex Pistols, fue el segundo cover de la noche. A toda furia y en castellano homenajearon a una de sus bandas de cabecera.  Mientras el escenario se llenaba de humo, fue el turno de “Como un animal”, tema que estará incluido en el tercer disco, que saldrá en poco tiempo a la venta.
 
Para la hermosa “A tu lado”, se dieron el gusto de invitar a parte de la historia de Mamushkas: Charly de la Vega en batería y Mariano Peralta en guitarras armaron un glorioso dream team al cual se sumó Martín Locarnini de Bõas Teitas en coros para que la versión tuviera gusto a gloria. El Chino y Omar aprovecharon para bajar a bailar entre la gente y ver a su propia banda desde el piso. Según Tomás, es una canción que conoce todo el mundo, y así debe ser porque no quedó nadie sin cantarla. Mariano se quedó para acompañarlos en una gran interpretación de “Eskupo”, y luego todos fueron por un merecido descanso.





Pero solamente regresaron Marcos y Omar, que se trenzaron en una inspiradísima zapada a toda velocidad en la que ambos demostraron el dominio de sus instrumentos. Cuando los cuatro volvieron a estar sobre el escenario, Tomás cantó las bellas estrofas de “Solo a vos” para seguidamente regalar otro de los nuevos: “Hacete cargo”, que también estará en el tercer disco.


 

A pedido del guitarrista tocaron “Invasión”, tema del primer disco, que volvieron a grabar en su nueva placa. El Chino entre risas pidió al público que los ayudaran con el estribillo y todos entonaron el “siguen llegando” al son de la banda.

Había más covers, y cómo no alegrarse si la lectura que hacen del “I fought the law” de Sonny Curtis es tan buena como la que hacía The Clash. Ver a todo el Salón Pueyrredón hacer palmas mientras se canta que se luchó contra la ley pero la ley venció, puede dejar a más de uno en estado de éxtasis total.

Ya llegando al final, Tomy arranca a cantar las primeras líneas de esa oda al pogo llamada “Rebotando”. Pero se detiene y el Chino se queja de que la gente no se acerca ni baila, así que esperan a que de a poco se arme un buen revuelo y ahí arremeten con esa cachetada en la cabeza de todos. 


Solamente quedaba lugar para dos canciones más. La primera y quizás más violenta de todas fue “Disparen”, ese punk rock enérgico que esta vez contó con el apoyo de Rolo de los Fucking Adictos en los coros. Magnífica interpretación que sirvió de entrada para el postre: el Indio, ex guitarrista de Dos Minutos y actual Prisioneros Verdes, subió para aportar su talento en el último cover, que fue también de The Clash. El Salón reventó mientras todos cantaban “Complete Control”. Tanta fue la emoción que hasta Locar y Rolo subieron a meter sus voces. 

Es que los shows de Mamushkas tienen esa cosa de fiesta entre amigos, en las cuales uno puede hasta olvidarse que afuera llueve como si Buenos Aires fuera víctima del diluvio universal. Y como dijo Tomy, que la fiesta se repita hasta cumplir 20 o 30 años juntos.





martes, 18 de septiembre de 2012

Die Toten Hosen Argentinien Tour 2012 @ Estadio Malvinas Argentinas 15-09-2012







El sábado fue la cereza del postre, la fiesta entre amigos: esta vez con Pil y su banda, y CJ Ramone tocando todos los clásicos de su viejo grupo. Muchísima gente por cada rincón del estadio, alemanes venidos especialmente para la ocasión, punks recalcitrantes de esos que se pasan dos horas frente al espejo para hacerse la cresta y cantan “El Avestruz” en vez de “First Time”, chicas emperifolladas en perfumes de última moda, chicos que parecen haber desayunado cerveza, fans de Ramones que solamente fueron por CJ pero se quedaron a ver que onda con DTH, pungas, posers, gente que se saca fotos de espaldas al escenario mientras la banda toca… De todo un poco, reflejo fiel de este cambalache modelo siglo XXI.

Como esa noche se estaba grabando el show para un futuro DVD, había que ser protocolar: la apertura es, como en el último disco, con “Ballast der Republik”, enganchada con “Liebesspieler”. Los saltos, los gritos, los globos y el alma al aire festejando 20 años de una comunión musical que trasciende fronteras idiomáticas. “Alles was war” y “Altes Fieber” aportan la cuota emotiva, mientras que “Vida Desesperada” y “Liebeslied” suman más furia. Los chicos de la platea no se bancan no ser parte del asunto y arriesgadamente deciden descolgarse y bajar al campo, hecho que genera corridas por parte del personal de Seguridad. Como de costumbre, nunca faltan los amigos de lo ajeno, y así puede verse a un morrudo muchacho de remera azul que sigilosamente aprovecha para quedarse con una que otra billetera.

Después de “Pushed Again”, volvieron a invitar a Pil para cantar “Ultraviolento”. Y cuando todos esperaban que se repitiera “Viva la Revolución” como en Mardel, Campi sorprendió anunciando “Represión”. Sí, el viejo tema anti represivo de Los Violadores modelo 81 aparecía galardonando la noche. De más está decir que todo el estadio coreó a voz en cuello el tema, mezcla de emoción e incredulidad. Luego, la seguidilla de clásicos con “Alex” y “Wünsch DIR was”, y cerrando la primera parte, “Días como estos” con una lluvia de papelitos que aflojó hasta las lagrimas de los más duros. 



Para iniciar los bises, el momento más esperado de la noche: NorbertoRusoVerea contó que la moción iniciada por dos fans de la banda había tenido éxito, e invitó a la diputada porteña María José Lubertino a entregarle a los Hosen el diploma de “Huéspedes de Honor de la Ciudad de Buenos Aires”, ante la alegría de la banda. Volvieron a tocar “Mi Buenos Aires Querido”, previo pedido de disculpas de Campi por su primitivo español. 



En la segunda tanda de bises, se esperaba que abrieran con “Strom”, pero volvieron a sorprender: invitaron a Attaque 77 para tocar junto a ellos el clásico “Donde las águilas se atreven”. Dos generaciones y dos países distintos de la mano, como para remarcar la idea en medio de un momento inolvidable. Claro, CJ andaba por ahí y era casi obligatoria la invitación. El energético bajista subió para acompañarlos en “Blitzkrieg Bop” de su extinta banda, y en “Should I stay or should I go” de The Clash. ¡Debe haber sido la primera vez que los Hosen tocan con dos bajistas! 





Última serie de bises, casi como un regalo de amigos. Breiti anuncia que van a hacer una canción especial para todos aquellos que los han seguido durante todo el tour, pero que no es muy conocida. Los vibrantes acordes de “Wort zum Sonntag”, el sentimental homenaje a Johnny Thunders, inundan el lugar que no puede más de tanto entregar el corazón ante cada tema de la banda. 



Ahora si, no hay tiempo de más: de la mano de “Schönen Gruß, auf Wiederseh'n” y “You’ll never walk alone” la noche perfecta ha llegado a su final. Sudor, cerveza, lagrimas, uno que otro golpe, y la noción de haber sido parte de otra cruzada heroica de una banda que ya está más allá de nacionalismos chauvinistas o de banderías políticas. Esta noche, Die Toten Hosen se consagró como una nueva pasión que late en los corazones argentinos. 


Die Toten Hosen Argentinien Tour 2012 @ GAP 13-09-2012






En Mar del Plata apareció la magia, esa que todos saben que vive en el corazón de esta banda de desaforados. No es que haya un truco o que sean David Copperfield, pero estos cinco dementes tienen un as bajo la manga: muchísimo manejo del escenario y la capacidad de prenderse fuego aún en una ciudad balnearia. Y esta vez venían estimulados por el show del Vorterix, así que subieron la apuesta: ahora era a todo o nada, y pusieron toda la carne al asador de GAP. Del nuevo disco poco y nada, ya de entrada eligieron salir a matar con “Strom” y el lugar parecía no dar abasto para tanta adrenalina. Para peor, enganchar “Du lebst nur einmal” con la furiosa intro de “Auswärtsspiel” es como querer apagar un incendio con gasolina. La inevitable sensación de haberse sacado la lotería es innegable: la banda está aceitadísima, Vom y Campi se transforman en verdaderas máquinas que juegan para 10 puntos, el público responde a pura energía y sin cantos demagógicos, y ver a una banda de primer nivel por poco más de 100 pesos se vuelve casi un regalo del cielo.  



Porque no solo del punk vive el Hosen, y porque también hay un corazón detrás de tanta algarabía, sigue “Alles was war” y toda su melancolía acerca de un amor que ya no está, para cantar con lágrimas en los ojos. Pero como la calma dura poco, otra vez a saltar con “Hang on Sloopy” y Campi enseñando el pasito que hay que hacer, a saltar sin música hasta que Vom, el pequeño gigante, arremete con los tambores para que todos intenten llegar casi hasta el techo del lugar. El calor no da tregua, la performance es infernal, y nadie quiere parar. El cantante parece estar envuelto en llamas: va y viene de una punta a la otra del escenario, bebe un sorbo de cerveza e inmediatamente arroja la lata al público, que lo agradece como si fuera el maná que cae del cielo, intenta comunicarse aunque como él mismo reconoce, “mi español es mierda”, riega a todos los presentes con rociadores de agua, se sube a las vallas y se para casi sobre los hombros de los de Seguridad, que lo sostienen de las piernas para que no lo absorba el abismo de gente que lo espera con ansias.



Luego de “Paradies” y “Bonnie und Clyde”, efectiva dupla de “Opium fürs Volk”, otro regalo: “Call of the wild”, y las gargantas al límite acompañando el grito de guerra. Pero aún hay más, y como si manejaran el Durango 95 de “A Clockwork Orange”, se van de paseo a los 80s y traen ese temazo llamado “1000 gute Grunde” ante el asombro de todos y la emoción de muchos treintañeros. Para “Liebeslied”, Campino incita a cantar el coro introductorio, y ante la respuesta del público dice que “esto está bien, es grandioso para Montevideo Uruguay, ¡pero esto es Argentina!”, y todos dan su mejor esfuerzo en la segunda oportunidad hasta casi romper los tímpanos de la banda. Como para dejar en claro que es una noche única, Breiti afirma que están entre amigos y por eso van a tocar más temas viejos: los parlantes crujen al ritmo de “Mehr Davon”, otro cañonazo de los 80s. Parece ser que la fiesta de los 20 años en Argentina no era en el Vorterix sino que se mudó a Mar del Plata. Como sea, todo es perfecto: demasiada alegría arriba y abajo del escenario.



Para continuar, invitan a Pil, ex vocalista de Los Violadores, para entonar el clásico “Uno Dos Ultraviolento” y la combativa “Viva la revolución”. Campi hace los coros y construyen un dueto impecable. Luego de “Días como estos”, la banda va a por un merecido descanso, mientras el público se prepara para lo que viene, que promete ser mejor aún. Y al retornar, el grupo saca otro conejo de la galera: Breiti avisa que van a tocar un tema de 1987, y salen con  Halbstark”, el cover de The Yankees que habían versionado con Die Roten Rosen, su banda paralela. De no creer, esto parecía sacado de un cuento de hadas. Pura magia alemana en la costa argentina. El primer set de bises termina con “Eisgekühlter Bommerlunder” y su amor a la bebida del norte de Alemania, mientras los fans tratan de seguir la letra a velocidad supersónica. 



 Última parte del show, y quizás la más caliente. Campi invita a Mariano Asch, el productor local, para que traduzca sus palabras de agradecimiento, y Vom lo recibe arrojándole cerveza. Ante los aplausos del respetable, disparan una violentísima versión de “All die Ganzen Jahre” y el rubio vocalista aprovecha para tomar impulso, saltar y caer de lleno en medio del pogo. Escena épica, digna de los mejores shows de este país. “Zehn kleine Jägermeister” es un derroche de felicidad con la gente abrazada y haciendo el pasito de los alces. Si de coreografías se trata, “Schönen Gruß, auf Wiederseh'n” es la banda de sonido perfecta: todos arrojando golpes al aire mientras el grupo se apresta a retirarse, como siempre de la mano de “You’ll never walk alone”.

         Demasiado rock, demasiada amistad, demasiada alegría, demasiado de todo lo bueno que tiene la música: Die Toten Hosen se ganó el amor del público de la mano de shows como éste, y noches como las de Mar del Plata parecen tener destino de históricas. 

Die Toten Hosen Argentinien Tour 2012 @ Teatro Vorterix 11-09-2012




        El acorazado alemán visitó nuevamente tierras gauchas en el tour de presentación de su más reciente disco “Ballast der Republik”. Otra vez, no les alcanzó con Buenos Aires y decidieron abrir el juego tocando en el norte argentino, más precisamente en Tucumán y en Salta (años anteriores habían hecho lo mismo en lugares como Cipolletti, Cosquín y Bariloche). En su viaje a través de las provincias fueron acompañados por grupos de fans argentinos y alemanes cuya pasión no conoce fronteras ni límites.

        Es destacable la pasión que despiertan en el público local estos fervorosos alemanes (en verdad, el baterista Vom es tan inglés como el Liverpool). De un pequeño show como invitados de Pilsen hace 20 años pasaron a ser un secreto a voces hasta lograr reconocimiento masivo y heredar casi sin darse cuenta el lugar dejado vacío por los míticos Ramones. Hoy en día despiertan casi la misma pasión que los Fast Four y hasta los han superado en cantidad de shows brindados en esta parte del continente. 

        Las fechas de los Hosen estaban planeadas hace ya meses, y a último momento se agregó lo que sería la fiesta aniversario ya que el 11 de este mes se cumplían 20 años justos de aquél show en el extinto Halley de la avenida Corrientes. Qué mejor manera de empezar el recorrido en Buenos Aires sino con un show a pura energía en el Teatro Vorterix? Sin grupos invitados ni mucha parafernalia, los muchachos salieron a hacer lo que mejor saben: rockear la noche de la mejor manera posible. Luego de la introducción con “Drei Kreuze”, sonó el tema que da título al último disco y la euforia no tardó en desatarse. Aunque todos esperaban más temas viejos, había canciones nuevas entre manos y tenían que presentarlas en sociedad. Así, fueron pasando clásicos inoxidables como “Liebesspieler”, “Hier Kommt Alex” enganchada con “Wünsch DIR was” y “Bonnie und Clyde” mezclados con estrenos como “Altes Fieber” o el cover de FalcoAmadeus”. Obviamente homenajearon a sus admirados Violadores con “Uno Dos Ultraviolento” y hasta se desmarcaron con un oldie como “Verchwende deine Zeit” para delirio de la vieja guardia. 



        Campino enloquecido como siempre, Breiti traduciendo, Kuddel tirando magia desde su guitarra y sus coros a puro grito, y la base de Vom y Andi infranqueable como si del ejercito alemán se tratara. Las reglas eran pocas y claras, las de siempre para quienes son habitues de la banda: “Cuando les damos una cerveza, la comparten. Y si alguien se cae, lo ayudan a levantarse”, fue lo único que se pidió desde el escenario. Preso del delirio, el rubio cantante no duda en tirarse varias veces a esa pileta humana que lo rodea. Claro que vuelve sano y salvo, el placer de estar cerca de él es superior a las ganas de raptarlo y guardarlo para siempre en la mesita de luz tanto de quinceañeras enamoradas como de treintañeras que lo ven como el amante perfecto. El mismo amante perfecto que pide disculpas por ser responsables de la muerte de cientos de vacas a manos de su voracidad por los bifes argentinos, y que luego hace de maestro de escuela pidiendo que se sienten en el piso al empezar "Steh Auf".



        No faltaron más covers como “Do anything you wanna do” de Eddie and the Hot Rods, “Should I stay or should I go” de The Clash o “Blitzkrieg Bop” de The Ramones, aunque la perla de la noche fue la bizarra versión del tangazo de Carlos GardelMi Buenos Aires querido” cantado en un castellano risible por Campino antes de enganchar con una furiosa versión de “Du Lebt nur Einmal”. Las caras de todos cuando el vocalista empezó con aquello de “El farolito de la calle en que nací…”, exceden todo tipo de explicación. Claro que si la idea es participar, nada como los Hosen: invitan a chicos del público a ser parte de la banda por un rato. Un fan se hace cargo del micrófono para entonar “Alles was war” con una notable calidad, y otro fanático sube a hacer lo suyo con la guitarra para sumarse en “Paradies”, mientras Breiti lo ayuda indicándole las notas. 



        Hubo lugar para la emoción en medio de “Días como estos”, la canción que tradujeron especialmente al castellano de la mano de sus amigos de La Vela Puerca, así como también el clásico cantito “Olé olé olé olá” en “Auswärtsspiel”, otro tema dedicado al pasional público argentino. Se guardaron otras viejas gemas, “Reisefiber” y “Glückspiraten”, y luego la seguidilla de clásicos para llegar al final: “All die Ganzen Jahre”, “Bis Zum Bitteren Ende”, “Schönen Gruß, auf Wiederseh'n” y el himno de cancha “You’ll never walk alone” con todos con los brazos extendidos y abrazados. Un ritual para iniciados y para los de siempre, hermanados en un show sin fisuras de la banda alemana más argentina que existe.


domingo, 5 de agosto de 2012

Nueva sección: Aquellos shows




En esta sección recordaremos a través de reseñas, viejos recitales que por algún motivo puramente subjetivo, hayan quedado en la memoria emotiva y colectiva. La primer banda son los londinenses The Clash, en un concierto en tierras francesas a principios de la década del 80. Pasemos a los hechos entonces.




En febrero de 1980, The Clash dejaban por un rato su seguro hogar en Inglaterra para dar un antológico show en el Palais des Sports parisino. Esta sería la cuarta vez que los londinenses pisen tierras francesas, ofreciendo una de sus mejores performances en directo.

Mick Jones con una camisa blanca sin mangas, pantalones de cuero y la guitarra como una ametralladora, Paul Simonon totalmente enfundado en cuero, con una musculosa blanca que lo asemeja a los viejos rockers de los 50s y el bajo a la altura de las rodillas como siempre acostumbró, Topper Headon con su tranquilidad que esconde una verdadera maquina de ritmos humana, y al frente el hombre de negro: Joe Strummer, con la misma guitarra que usaría hasta el final de los días, el talón marcando el ritmo y el pelo engominado como un viejo galán de películas hollywoodenses. En los teclados estaba de invitado Mickey Gallagher, tomado prestado de los Blockheads de Ian Dury.  

Embarcados en la presentación del seminal London Calling, lanzado a fines del año anterior, abren el fuego con una inspirada versión de "Jimmy Jazz", y la costumbre de Joe de improvisar sobre la base rítmica, en la que se desvían en una más que interesante zapada. La segunda canción es una de las mejores composiciones de la dupla Strummer-Jones, ese himno llamado "London Calling" con su particular clima oscuro y un inspirado solo a cargo de Mick.

De ahí nos llevan a un pequeño viaje a la humeante Londres de los 70s, de la mano de la furiosa "Protex Blue", y toda la energía en la voz de Jones, recordando esa gema incluida en el primer disco. El micrófono sigue en manos del guitarrista líder, que se despacha con una admirable versión de la popera "Train in vain", uno de los pasajes más bailables del nuevo disco. Como de costumbre, estiran la canción para el lucimiento de Mick, que se planta frente a la fervorosa audiencia en plan guitar hero.

Elevator, going up!”, es la frase de Joe que no deja lugar a dudas. Es "Koka Kola", otro del nuevo disco, y su historia acerca de la locura a la que empuja el capitalismo y la ambición desmedida. El tema engancha rápidamente con los tambores de Topper, que a toda velocidad nos introduce en el "I fought the law" de Sonny Curtis, uno de los mejores covers a los que se atrevió la banda.  El final con todos haciendo palmas y cantando “I fought the law but the law won” es casi mágico.

A esta altura de la noche, The Clash ya es un tren lanzado a toda marcha contra un público entregado. Eligen entonces otro track nuevo, como para bajar un poco la velocidad. Después de unas palabras en francés de Strummer, intentando mayor comunicación con la audiencia, llega el homenaje a Federico García Lorca y a la guerra civil española que tan bien supieron bosquejar en "Spanish Bombs", en una sentida versión, un poco más rocker que la original.

Seguidamente, el clima caribeño se apodera del lugar, y The Clash se alista con "Wrong ‘em Boyo", de The Rulers. Un ritmo de ska jamaiquino que deleita a todos y sirve como anticipo del magnífico "Stay Free". Esta canción, incluida en el segundo opus del grupo (Give ’em enough rope), está dedicada a los amigos que se van con el paso del tiempo. Los coros de Simonon y Strummer dan lugar a una gran interpretación vocal de Mick.

Un demoledor ritmo de batería trae a la memoria a "Janie Jones", a quien los Clash supieron tener como inspiración para esta veloz y antigua pieza. Joe deja la guitarra de lado, para darle más énfasis a la letra, y Mick se divierte a su manera con los coros. Topper parece no tener frenos, ya que sin respiro arremete con la introducción a puro bombo de Complete Control, una prédica contra quienes pretendían manejar a su antojo a estos cuatro dementes.

El bloque final es a todo ritmo y machaque, rememorando los viejos tiempos: Headon apura el paso en "Garageland", como dejando en claro que siempre serían una banda de garaje, forajidos con clase. Toda la furia punk contenida en esa canción cede lugar a la violenta batería de "Tommy Gun", toda una parodia contra los héroes estadounidenses. Ya no hay vuelta atrás, el Palais arde y no precisamente de aburrimiento. The Clash lo hace otra vez: en poco más de media hora, deja el lugar galvanizado con una mezcla de la genuina rabia de sus inicios y la clase que irían adquiriendo a partir de London Calling. A la velocidad de la Westway, como solo ellos sabían hacerlo.